DISCULPEN SI ME HE EQUIVOCADO
Su epitafio resalta la humildad con la que aquel hombre supo vivir y morir. Sus últimas palabras, su última enseñanza dirigida a la totalidad de la humanidad. Miles de fieles viajan cada semana a Middleton, en Northamptonshire, para visitar la tumba de este hombre.
A pesar de ser mundialmente conocido como "El Hombre", aquella criatura tenía de humano poco más que su mortalidad. En vida fue el más grande científico, un creyente fervoroso, líder servicial y el más leal de los amigos. Hoy se lo conoce por ser guía de los buenos y maestro de los sabios.
Su muerte se lloró con desgarro en cada rincón de la nación y su leyenda traspasó las fronteras del Reino Unido hasta penetrar en cada hogar, humilde u ostentoso, del planta entero.
Nunca nadie lo superó en inteligencia. Incluso sus más férreos oponentes coinciden en este punto. Quizá sea, además, el más famoso y querido de los hombres. No hay sobre la Tierra una sola persona adulta que no haya leído sus letras simples y encantadoras, ni que se haya visto impedido de admirar su bello rostro.
Cuenta la leyenda que sus últimas palabras, en realidad, fueron: "Nada más que un dolor de cabeza", pero las eliminaron de su epitafio por no venir al caso.
Lo que la leyenda no cuenta, es que la esposa de nuestro amado Hombre estaba ya muy sorda cuando aquel falleció. La anciana mujer creyó oír: "I'm sorry if I was wrong". Y, cuando instintivamente le preguntó "¿Qué?", aseguró que su marido le respondió: "Anything but a headache".
Nunca nadie supo ni sabrá que lo que en realidad dijo antes de exhalar su último aliento fue: "I'm worried... I was wrong... Everything was a mistake".
Polanesa
3 tuvieron algo para decir:
Perdón. Es que estuve mucho tiempo sin escribir.
Te repito: Escribes muy bien. Aderezos perfectos, son tus cualidades, para las ensaladas literarias que sueles preparar.
Saludos. Seguro, que estaremos en contacto ;-)
Maravilloso. Me recuerda a un señor que vendía cosas en el colectivo.
-Por cinco pesitos, señora, señor, puede hacer que su viaje justifique su vida entera. ¡El dinero no compra la felicidad! No sea amarreta, amarrete y dése el gusto hoy mismo de hacer algo que sólo se puede hacer mientras uno vive.
«Únicamente, para los tres primeros que levanten la mano, tengo tres de las famosas bol-si-tas de la sa-bi-du-ría. El resto de los pasajeros, lamentablemente, no sabrá de lo qué se pierde. Adentro tienen papelitos que dicen diferentes cosas... les voy a dar una demostración... Este dice: "atardeceres". Y eso no es nada... La bolsita de la sabiduría está llena de palabras elegidas cuidadosamente por un equipo del más alto nivel de capacidad de síntesis. Otro: "sonrisa". ¡Demuestre su elegancia regalándole una sonrisa a su mujer, y le aseguro que le planchará la ropa hasta que tenga la columna demasiado doblada como para llegar a la tabla!»
Y en eso le suena el celular.
-Disculpen, disculpen. (Qué hacé'. No. No me dig. Mm. Bue.) ¡Señoras, señores, me están avisando que la fábrica de bolsitas de la sabiduría acaba de ser tomada por una manifestación de ignorantes, y es posible... tranquila, abuela... es posible que los papelitos no se fabriquen más! Estaríamos viajando ahora mismo con las últimas tres bolsitas que quedan, así que su precio acaba de aumentar. Antes no valían nada y ahora valen el doble.
«Con el dinero recaudado, financiaremos una expedición por los límites de la conciencia para seguir trayéndole a estos respetados pasajeros de la vida el más fino conocimiento, cosechado directamente de la realidad y sin prejuicios ni contaminación cultural.»
«Si no gasta los cinco pesos ahora, gastará el doble para que el psicólogo lo libere de la culpa de haber dejado pasar la oportunidad de su vida. Pero no se preocupen, también soy psicólogo y casualmente me quedan algunas tarjetitas... por acá... que cuestan sólo veinticinco centavos.»
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