En realidad, para ser sincera, no creo nada en eso de las historias de amor que no pudieron ser. Más bien creo que se llaman obsesiones. Pero la obsesión no es noticia, es banal y pesada. "Historias de amor" da más rating. Es como poner culo en vez de cuerpo. Un cuerpo se puede referir a cualquier cosa, el cuerpo de un edificio ponele. Un culo es un culo. Esto es lo que uno aprende del periodismo.
Yo no sé muy bien qué onda hay entre Rosario y Buenos Aires. Como porteña, Rosario me resulta muy familiar, muy parecida a Buenos Aires pero en chiquito. Y, por otro lado, son infinitamente diferentes. No sabría decir cuáles son las diferencias y similitudes esenciales entre ambas ciudades, pero existe una cosa que no escapa a mi experiencia: están repletas de historias sobre obsesiones.
Fernando es un porteño medio gil. Hace mucho tiempo se fue a Rosario con unos amigos a ver una banda de rack. A la salida del recital y antes de embarcarse nuevamente hacia sus calles cotidianas, en algún bar perdido de aquella extraña ciudad, conoció a la mujer de sus sueños. Una morocha simpatiquísima que tomaba cerveza con una amiga en una mesa cercana a la suya. La muchachada, muy gentil y babosamente, invitó a las dos bellas damas a unirse a su ronda y así compartir anécdotas y festejos. Fernando no podía parar de emanar chistes idiotas y la señorita en cuestión no podía parar de reírse. Miradas cómplices, sonrisas pelotudas, el tiempo que jamás se detiene y taza taza. Fernando se pasó el viaje de vuelta pensando en la muchacha y en cuánto la había conocido. Sabía qué estudiaba, la música que escuchaba, la ropa que usaba, el movimiento de sus manos, su forma de hablar, sus respuestas ingeniosas, su habilidad para estirar la noche y una birra más. Sabía cómo hacerla reír. Pero no sabía su nombre. No tenía ninguna forma de contactarla, ni un número, ni un mail. Nada. Fernando se pasó semanas hostigándose por su pelotudez hasta que decidió volver a Rosario para buscarla. Como si Rosario fuera un pueblo de 150 habitantes. Imagínense que nunca la encontró.
Clara es una soñadora. De esas minas que no le dan mucha bola a la realidad porque tienen cosas más importantes por las que preocuparse. Un verano, en alguna playa de la provincia de Buenos Aires, conoció a un pibe divino, un amor, re dulce, re atento, re todo. Nomás lo vio y pum, se enamoró. Después habló con él y se volvió a enamorar. Lo conoció mejor y zas, enamoradísima. Y así sucesivamente, día tras día. Clara y Tomás se habrían casado y habrían tenido mil hijos juntos, si no fuera porque las vacaciones no duran más de dos semanas. Entonces Clara se volvió a su barrio de Almagro y Tomás a donde sea que para en Rosario. Durante varios días se mandaron mensajes de texto cada cinco minutos, pero después de un tiempo se fueron cansando y al final sólo chateaban de vez en cuando. Ahí fue cuando Clara pensó seriamente en irse a vivir a Rosario. Se lo comentó a Tomás y, por alguna inexplicable razón, a este le pareció una idea acertadísima. Retornaron los mensajes de texto y todo fue amor. Pero por una u otra obvia razón, Clara no se pudo ir. Tomás se entristeció mucho y murió de angustia. O eso cree Clara, que hace tiempo no tiene ni noticias de él. Así y todo, es el día de hoy que piensa en mudarse a Rosario, en honor del amor que no pudo ser.
Mariano dice estudiar en Rosario, aunque no está comprobado científicamente. Por alguna razón desconocida, una vez se encontró deambulando por Buenos Aires. Entonces se acordó de una minita porteña que conoció en un foro y fue a buscarla. La encontró fácil porque estos trámites se agilizan cuando tenés un dato de contacto, cosa que Fernando no sabe. La mina era piola, pero además estaba buenísima y Mariano creyó que el destino lo había tirado en medio de esa inmensa urbe sólo para que pudiera encontrarla. Se vieron mucho en poco tiempo, pero entonces ocurrió la catástrofe. Que sí, que no, que vos vivís muy lejos, que ahora te vas y no te vuelvo a ver, que no me quiero enamorar de vos, que me encantás pero esto no puede ser. Al final, Mariano pidió rescate y se volvió a su ciudad pequeña. Pero cada tanto vuelve por estos pagos con excusas malísimas que intentan ocultar que la única razón por la que vuelve es ella. Siempre que viene la ve. Y nunca pasa nada.
El otro día, Alguien me contaba que estaba mal, muy mal, porque creía haberse enamorado de una chica que se había puesto de novia. El comentario, mucho más dramatizado, surgió como un involuntario pedido de consejo. Y como yo soy muy mala para dar consejos amorosos, pero soy buenísima para desprestigiar el enamoramiento, me puse un poco al día con su situación, a ver si podía desdramatizar un poco la pelotudez que me estaba planteando. Entonces me dijo que ella vive en Buenos Aires y ahí me cerró todo el asunto. Si la mina se hubiera puesto de novia en Rosario, Alguien ya la habría olvidado. Pero no. Ella vive en Buenos Aires, Alguien vive en Rosario.
Yo no sé muy bien qué onda hay entre Rosario y Buenos Aires.
23.7.11
Historias de amor inconclusas
Polanesa
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
8 tuvieron algo para decir:
jajaja! yo conozco a ese tal "Mariano".
pd: te faltó sami. Mal ahi!
Del post no te digo nada porque ya sabés que es impecable, pero me acabo de dar cuenta de que si fuera ciego a las consonantes creería que este blog se llama "i i i e e e".
@Anónimo: La de Sami no la escribí porque es casi igual a la de "Mariano" pero al revés y se iba a volver redundante. No estoy muy segura de quién sos, pero gracias por pasar.
@Ayreonauta: ¡Ciego a las consonantes! ¡Cómo te extrañaba! Me gustó la idea de hacer torneos de historias de amor interprovinciales. ¿Cuál sería el premio? Abrazo, che.
El premio sería una noche en el Sol.
Mirá vos. Me instalaste un duda: "Qué onda entre Rosario y Buenos aires"
Yo creo que sí se qué onda hay entre Rosario y Buenos Aires. No digo que podría dar cátedra, pero más o menos.
Pero por obvias razones, no lo haré. Al menos no públicamente.
Saludousousous.
Queeeee leeeendoo!!! tan costumbrista, tan argentinito.
Excelente post, y totalmente de acuerdo los amores no es que no puedan ser lo que pasa es que la obsesión no dio frutos.
Publicar un comentario