26.6.11

La caída del imperio rioplatense

Tal vez sea que soy muy sensible o muy inteligente o muy mujer, pero no entiendo el odio que puede suscitar otro club diferente al propio. No hablo de violencia, eso estaría de más, sino de ese resentimiento que surge ante otro color, otra camiseta, otra pasión. No es que no disfrute de ciertas penas ajenas. Como hincha de Racing, admito que me divierto mucho con las derrotas rojizas, y me producen una mezcla de irritación y lástima sus insistentes corrupciones. Me divierto con las cargadas de cualquier club y cada fecha espero que pierdan los antiguos grandes. Y Arsenal. Y Vélez. Y Estudiantes.
Hasta ahí vamos bien. Uno le tiene más antipatía a tal o cual club por la historia que los ata y enemista. Pero creo necesario separar las cosas. La pasión que yo siento por Racing es muy real. La siento, la palpo, la respiro. En cambio, la bronca que le puedo tener a cualquier otro club, es un juego. Es un partido de PES que te hace calentar o emocionar en el momento, pero nada más.
Ante el inminente descenso de River, se dijeron muchas cosas. Hubo muchas cargadas creativas e innecesarias. Digo innecesarias, no porque esté en contra de ellas, sino porque sé lo que es jugar la promoción y sé que no se necesita ninguna imagen photoshopeada ni ninguna frasecita ingeniosa para sentir que se está en lo más profundo de un pozo, sin luz ni oxígeno ni gente amable que te diga que todo va a estar bien. Pero más allá de lo lógico de la situación, nunca sentí tan exteriorizado y masivo el odio que se le puede tener a un club. Me refiero a los ojos brillosos, la sonrisa macabra y los puños cerrados. Ese tipo de odio. Un odio que ni siquiera proviene de su clásico, sino de cualquier otro. No me interesa escribir desde ahí.
Lo que pasó hoy no se lo esperaba nadie. Ni siquiera ellos, los resentidos. Ni cuando salió Grondona a decir que sentía que River no iba a jugar la promoción, cosa que a primera vista parecía una estúpida forma de advertir lo pactado de antemano, y a la segunda parecía más bien una (increíble) ironía. Tampoco cuando efectivamente quedó en promoción. Ni cuando jugó y perdió. Ni siquiera en este momento es creíble que River haya descendido de categoría. No porque no lo merezca. No porque tenga razones para quedarse en primera. No porque nadie quiera evitar su humillación. Simplemente, porque es River, uno de los cinco grandes, con 110 años, 33 títulos nacionales oficiales y 5 internacionales. El River de los tres tricampeonatos. El River de Labruna, Amadeo Carrizo, Francescoli. El River de Aguilar, Pasarella, J. J. López. El River que, dicen, influyó en la instauración de promedios para evitar su propio descenso. El River que quedó noveno en el torneo local y sexto en la tabla de clasificación a la Sudamericana. Y que sucumbió ante su propio veneno.
El fútbol ya no es lo que era. Hoy la injusticia no se deslumbra ante la portación de apellido. River debió haber descendido hace 3 años. La injusticia le dio una oportunidad que la institución no supo entender y hoy la marea se lo llevó sin dudar. No alcanzó con la historia, ni con la gente, ni la ventaja deportiva. Porque los problemas se solucionan de dentro hacia afuera, nunca al revés.
El descenso de River no me deja ni triste ni contenta. Me deja pensando. Sí lo siento un poco por mi hermano, atrincherado en la platea, tratando de tragar el corcho. Espero a que vuelva para abrazarlo y pasar a otra cosa. El campeonato que viene va a ser raro, más raro aún que cuando descendió Rosario Central. Ni peor ni mejor, pero sí sumamente extraño.
Adiós River. Adiós Monumental. Adiós Superclásico de Primera.
Merecidas felicitaciones a Belgrano de Córdoba. Bienvenido.

Polanesa

1 tuvieron algo para decir:

[Has] dijo...

Eso, bienvenido Belgrano, quiero empezar por ahí. Pero el resto de las palabras, para lo demás.

A mi me pasa que, más allá de la peculiaridad del momento, poco más me sorprendió. Digo, me dieron asco cosas que ya viví. "Hinchas" rompiendo su propia cancha, Passman o no se qué otro pelotudo clamando por una policía "como la de Sudáfrica, yo vi lo bien que hacían su trabajo, la gente lloraba y les pedían por favor que paren", Fantino haciéndose el serio y a los 5 segundos vendiéndote un par de bujías, muchachos/as que aman más al odio que a sus propios colores.. qué se yo. Cosas que entiendo pero nunca voy a vivir, porque me parece que uno la pasa mal en cualquiera de esos casos.. y evito causarme malestares por motus propio tanto como me es posible. Aunque me empacho seguido, por ejemplo.
Yo, entendiendo la gravedad de la situación y, de alguna manera, viviéndola más de cerca que nunca, particularmente opté por no cargar a nadie personalmente. Digo.. si le puse 'me gusta' a tal página pelotuda de Facebook, es porque me hizo reír, no para que mi amiguito de River que llora lo vea y se siga autoflagelando. Sí me veo obligado a pelotudear al bocón, al que solito te encuentra en X lugar físico/virtual y te salta, "ehheh bostero estarás contento no, amargo, ni así vas a tener los mismos campeonatos, puto". Y.. personalmente, si fuese de River de lo único que hablaría es de MIS colores, de las cosas que se hicieron mal en MI club, alentaría a MIS jugadores, y no mucho más.. del resto, silencio absoluto. Porque entendería que hoy por hoy no puedo hablar de nadie.

La vergüenza ya estaba en las tribunas, nunca supe bien en el fondo si quería que descienda o se quede.. pero sí estoy seguro que, por el tiempo que sea, voy a extrañar mucho el Superclásico. Mucho.

No tengo Superclásico. No tengo más a Palermo. Me voy a llenar esos huecos con algún alfajor que tenga a mano.

Salú', Polaka.